¿Tienes un ligero dolor en el lado derecho del abdomen y no sabes que es? Pueden ser varias cosas diferentes y por eso siempre hay que ir al médico si un dolor persiste. Si eres un bebedor habitual y te sueles pasar con las cantidades consumidas, entonces ese dolor puede ser un aviso del hígado. De hecho, muchos alcohólicos o personas que beben mucho suelen tener un problema llamado hígado graso alcohólico. ¿De qué se trata y que nos puede pasar si no le ponemos remedio?

Por si no lo sabías beber alcohol no es algo que se lleve bien con nuestro hígado. Ya no hablo de que haya que beber grandes cantidades para que afecte nuestra salud, porque cada persona es un mundo. Hay personas que pueden tener problemas aunque beban un vaso al día. Simplemente son intolerantes a la toxina llamada alcohol, y el efecto del envenenamiento es más visible a corto plazo.

Cuando una persona se acostumbra a beber ciertas cantidades de alcohol, normalmente tiene que ir subiendo las dosis para alcanzar el mismo efecto. Es algo que ocurre sin apenas darse cuenta, porque adquirimos una tolerancia al alcohol que consumimos. Lo he dicho muchas veces, y que se tenga una mayor tolerancia no significa que los daños sean menores. El hígado lo resiente de la misma manera y la cosa va empeorando con el tiempo.

El alcohol y sus ataques al hígado

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De sobra sabemos que beber no es bueno para nosotros. Aunque lo veamos por todas partes y sea la droga más aceptada y social del mundo, sabemos lo que puede hacer a la gente. Es algo curioso como sabiendo que es una sustancia que causa tantos males, no sea rechazada en la mayoría de los sitios. El alcohol causa un gran número de muertes al año de muchas formas diferentes. Sin embargo, es algo que no parece preocupar a nadie… hasta que empieza a ser un problema de verdad.

El hígado es un órgano muy duro que resiste lo que no está escrito. Lo podemos maltratar con alcohol, comida basura y otras cosas, y resistirá los ataques uno tras otro. Precisamente por eso la mayoría de alcohólicos de larga duración consiguen aguantar bebiendo tantos años. El hígado se encarga de mantener nuestro sistema lo más depurado posible de las toxinas del alcohol. Si no existiera este filtrado, caeríamos como moscas por envenenamiento etílico.

Sin embargo, a pesar de su dureza el hígado tiene límites. Abusar del alcohol todos los días durante mucho tiempo obviamente tendrá un impacto. Incluso si no notamos los efectos al principio, el daño está ahí y acabará apareciendo por algún lado.

Para empezar, el alcohol que llega a nuestro hígado se convierte en una sustancia química llamada acetaldehído, la cual es muy tóxica. De hecho es una toxina que es cancerígena, por lo que ya por si sola es peligrosa. Sin embargo, el problema más inmediato es que provoca que nuestro hígado tenga que sanarse continuamente si bebemos mucho.

El resultado de los esfuerzos de nuestro hígado por mantenerse funcionando, es que se forman unos parches que son como cicatrices. Estas partes del hígado ya no sirven para nada y simplemente “tapan” zonas afectadas. Es lo mismo que pasa cuando se forman costras y cicatrices en la piel.

El alcohol ataca con la deshidratación

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Una cosa que necesita el hígado es agua, como el resto de nuestro cuerpo. Dado que cuando bebemos mucho alcohol el hígado tiene que esforzarse mucho más, necesita más agua. El problema es que el alcohol es un fuerte diurético, y esto hace que perdamos mucha agua.

Cuando bebemos una gran cantidad de alcohol, al terminar solemos irnos a dormir y nos olvidamos de todo lo demás. Sin embargo, el hígado sigue luchando mientras estamos dormidos, al igual que el resto de nuestro cuerpo. Al estar dormidos y no estar bebiendo líquidos, rápidamente nos deshidratamos por culpa del alcohol. Nuestro hígado necesita desesperadamente agua y lo empieza a coger de otras partes de nuestro cuerpo.

El resultado es que nos despertamos con una resaca terrible y con muchas ganas de beber algo. Aunque seguro que se bebe mucha agua, la resaca tarda en desaparecer. La deshidratación y el daño causado no se pasan así por las buenas. Solo por esto la gente se debería dar cuenta de lo peligroso que es esta droga. Hemos estado varias horas dormidos y dejando que el hígado libre una batalla para filtrar la toxina del alcohol con un mínimo de agua.

Por desgracia esto es algo que se repite una y otra vez, y el hígado sigue luchando por mantenerse operativo. Al cabo de los meses, años y muchas resacas, al final este importante órgano empieza a tener algunos problemas. Es cuando se puede desarrollar el hígado graso alcohólico.

Hígado graso alcohólico

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Los continuos intentos de sanar nuestro hígado de tanto alcohol consumido, forman estas placas ya mencionadas. Básicamente es grasa adherida a este órgano, lo cual puede llevara a una inflamación. Esto puede ocurrir también en personas que no beben alcohol, pero que tengan una dieta muy mala. Aun así, el alcohol es el culpable directo del tipo de hígado graso alcohólico.

¿Qué puede ocurrir con esto? Para ser muy claro, es la antesala de posibles problemas hepáticos muy peligrosos. Es uno de los mayores problemas de salud que nos puede traer un alcoholismo, aparte de otros ya conocidos. El problema es que el tejido dañado del hígado no se recupera, y llega un momento en que no se puede disolver la grasa. Lo que ocurre entonces es que la grasa empezará a filtrarse al riego sanguíneo.

El hígado dejará de funcionar debido a las placas formadas y esto se puede convertir en una cirrosis. Es un proceso que no ocurre en un día pero una vez que comienza no parará, a no ser que hagamos algo para remediarlo. Lo que pasa es que un alcohólico no suele renunciar al alcohol incluso cuando le diagnostican un hígado graso alcohólico. Algunos si lo dejan de inmediato, pero otros eligen seguir consumiendo la droga.

Los dolores que produce un hígado graso alcohólico son cuando el órgano se inflama, y roza en sus alrededores. El hígado en si no duele, sino que son reflejos de otras partes de nuestro abdomen. El dolor suele ser soportable, a no ser que el páncreas se vea afectado. Entonces el dolor hace que la gente se asuste de verdad. Por desgracia, el hígado solo da pequeños avisos hasta que los daños son graves.

Las buenas noticias

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La parte buena es que unos simples análisis pueden detectar que se puede tener un hígado graso. Los síntomas de hígado graso no son muy visibles pero un análisis de sangre ya nos puede dar un aviso. Si el médico cree conveniente, puede investigar más en las causas y saber si se trata de un hígado graso alcohólico. Por ejemplo, puede ver si se tiene el abdomen inflamado.

Hay que ser muy transparente y contar lo que se bebe realmente. No engañas a nadie mintiendo, y encima te puede costar caro. Seguramente el médico haga también una ecografía del hígado para ver esas placas que hemos comentado antes. Realmente son pruebas rápidas que no suponen ninguna molesta para el afectado, aunque en casos algo extremos puede que el médico pida una biopsia.

Aunque te diagnostiquen un hígado graso alcohólico, las buenas noticias son que tiene remedio. De hecho, el remedio te beneficiará en general y no solo al hígado. Para empezar tendrás que dejar de beber alcohol, que al final es de lo que se trata. Algunas de las cosas que posiblemente te aconsejen aparte de olvidarte del alcohol, son las siguientes:

  • Cuidar la alimentación y consumir cosas más sanas con menos grasa.
  • Perder peso si se tienen algunos kilos de más, por lo que tocará hacer algún tipo de ejercicio o incluso apuntarse al gimnasio.
  • Cambiar el estilo de vida habitual y no ser sedentario.

Como ves, si el hígado no tiene mayores daños la solución es bastante sencilla. Puede que el médico te recete algo si lo ve conveniente, pero no suele ser necesario. Sin embargo, debes saber que seguir bebiendo alcohol resultará en problemas muy serios de los que será difícil salir. Por este motivo es importante ponerle remedio en fases muy tempranas.

Espero que este artículo te haya servido de ayuda y puedas dejar de beber mucho antes de que aparezca un hígado graso alcohólico.

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